Sol.

Lejos... Lejos. Lejos, lejos, lejos. Muy lejos.
Vuelo, veo todo, puedo volar, no caigo.
Sobrevuelo lo que quiera.
No tengo alas, pero las siento.
Vuelo, nunca caigo.
Cada vez más alto.
Destilo alegría.
Lejos ya mucho del suelo.
Cada vez más cerca de esa nube,
en la que ahora me recuesto.
Y duermo, feliz, de cara al cielo,
tibia por el sol.

Giuliana, veintidós de mayo de dos mil nueve.

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